El Mensaje del Tiempo del Fin

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La realidad religiosa actual nos presenta una gran confusión dentro mismo del cristianismo. Se suman por centenas los grupos o denominaciones que existen actualmente dentro del pueblo cristiano. Algunos con simples matices diferenciadores; pero otros en una marcada oposición doctrinaria.

Ante esa innegable realidad, nosotros nos presentamos siendo portadores de un Mensaje de Restauración. Lo que predicamos es la restauración de la genuina Palabra de Dios, que tanto ha sido interpretada y hasta cambiada respecto a sus orígenes.

Creemos firmemente que habría de venir un Gran Mensaje en las postrimerías de la Segunda Venida de Cristo. Y que este Mensaje llevaría al pueblo nuevamente a la fe de la Iglesia cristiana en sus orígenes. Dios había prometido este Mensaje de Restauración y, de acuerdo con su Palabra, El lo revelaría a través de Su Profeta Mensajero. Somos concientes que, en la edad en que vivimos, suena un poco raro hablar de un profeta. Máxime cuando la propia Biblia nos advierte que vendrían falsos profetas.

Pero esa misma Biblia que habla de falsos profetas, también habla de verdaderos profetas. Eso es algo innegable. Ni el más principiante lector de la Biblia se atrevería a negarlo.

Entonces, ¿cuál es la verdad sobre el asunto? ¿Los profetas fueron solamente en el Antiguo Testamento? ¿Existieron profetas en el Nuevo Testamento? En fin… ¿cuál es la verdadera importancia de la presencia de un profeta?

Sabemos que la Biblia es la fuente de toda la verdadera sabiduría; y que, en ella, encontraremos las respuestas a cada interrogante que nos planteemos.

Lo invito a tomar la punta del hilo que desenrollará esta gran madeja:

No es bueno que Dios hable con nosotros. Si leemos los acontecimientos en el monte Sinaí, estando Israel en el desierto luego de cruzar el Mar Rojo, nos encontramos con un pueblo atemorizado al escuchar la voz de Dios. La Biblia dice, en Deuteronomio 5:26 y 27:

“Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva? Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos.”

Como vemos, el pueblo de Israel creyó que sería mejor que Dios le hablara el mensaje en privado a Moisés y que éste le transmitiera al pueblo. Y esto agradó tanto a Dios que llegó a elogiar la actitud del pueblo (v. 29).

Ahí estuvo el mismo comienzo de lo que sería la modalidad de Dios transmitir sus mensajes al pueblo: a través de un mensajero (pues Moisés era el mensajero para aquella edad).

Ahora, esto no significa que Dios no hable directamente con cada uno de sus hijos. De ninguna manera estamos diciendo tal cosa; pero, cuando se trata de un mensaje general, para todo el pueblo, entonces Dios lo habla a través de Su mensajero.

Esa fue la forma que a Dios le agradó y la forma en que aún hoy lo sigue haciendo. Esto lo podemos ver en Jeremías 7:24 y 25:

“Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante, desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervo, enviándolos desde temprano y sin cesar.”

Y, para confirmarlo aún más, vemos que Amós 3:7 dice: “Porque no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas.”

La Biblia dice que “no hará nada”. Y si dice “nada”… ¡ES NADA! Significa que cualquier obra que Dios hiciera con su pueblo, antes se lo revelaría a sus profetas.

¿Y acaso no hay algo grande a acontecer? Seguramente el próximo movimiento de Dios será el arrebatamiento de su Iglesia. Así que Dios tendrá que revelar a algún profeta sobre ese gran acontecimiento.

Ahí está la respuesta a una de las interrogantes planteadas algunos párrafos más arriba: la importancia de un profeta es traer el mensaje que Dios tiene pra esa edad concretamente, que sería quien revelaría la Palabra de Dios para esa hora.

El mundo anti-diluviano tuvo a Noé con un mensaje de parte de Dios; Israel tuvo a Moisés con un mensaje de Dios; luego vino Juan Bautista con un mensaje precursor de la Primera Venida de Cristo.

Yo os envío al profeta Elías. Hay quienes creen y afirman que los profetas sólo eran para el Antiguo Testamento. Y para ello citan las Escrituras donde dice “la ley y los profetas eran hasta Juan” (Lc. 16:16 y Mt. 11:13). Nosotros no concordamos con esa posición, porque no resiste al más superficial estudio bíblico.

En Malaquías 4:5-6 dice: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
El hará volver el corazón de los pdres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Comenzaremos con la siguiente pregunta: ¿Cuál es el día de Jehová grande y terrible? Esto no es otra cosa que la gran tribulación que habrá de venir sobre este mundo luego que los elegidos sean raptados. Es, pues, un evento futuro -aunque cercano-. Y el versículo 5 nos dice que el profeta Elías vendría “antes” de ese día.

Aquí vemos claramente como habrían profetas en el Nuevo Testamento, pues la Biblia no puede mentir. Pero en el principio mismo de la era cristiana (en en Nuevo Testamento) podemos ver a Pablo como un mensajero a los gentiles (Rom.11:13 y 15:16) y con muchísimas profesías en los libros por él escritos. Y podemos continuar con Juan, quien escribió nada menos que el Apocalipsis, con todas las profesías en él contenidas.

Pensamos que solamente con estos ejemplos basta para darnos cuenta que los profetas aún en el Nuevo Testamento se manifestarían.

 

Un Profeta Mensajero Para Esta Edad

Ya sabemos que Dios siempre trata con su pueblo a través de un Profeta (Jeremías 7:25; Amós 3:7) y que no hará nada sin que antes lo revele a Su Profeta para que éste prepare al pueblo. Cada vez que Dios vaya a hacer algo grande Él se lo comunicará -a través de su mensajero- al pueblo para que este pueda prepararse.

Y nosotros estamos más cerca de lo que pensamos de un gran aacontecimiento: el arrebatamiento de la Iglesia y la gran tribulación sobre este mundo que seguirá a ese hecho.

Ahora… es éste un acontecimiento tan grande que Dios no quiere que su pueblo sea sorprendido con su llegada. Así que Él prometió que enviaría a Su Profeta mensajero para preparar al pueblo y mostrarle como esto habría de acontecer. Veámoslo detenidamente:

Malaquías 4:5-6 dice: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
El hará volver el corazón de los pdres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Como hemos dicho ya, ese día grande y terrible es la gran tribulación. La misma vendrá inmediatamente después que la Iglesia Novia sea arrebatada y tendrá una duración de tres años y medio. Será algo realmente terrible; el Apocalipsis describe las plagas que vendrán sobre aquellos que se hayan quedado y… ¡realmente es algo que nunca le desearíamos a un ser humano!

Pero la Biblia dice que este Elías -el Profeta- vendría antes de ese día.

 

La Obra del Elías. Aquí es donde hay que estar muy atento a lo que la Palabra dice acerca de la obra que llevaría a cabo Elías. Una lectura superficial podría dejar la idea de que el versículo 6 se está refiriendo a un sólo hombre y a un solo miniterio profético. Pero en realidad estamos ante un pasaje con un significado compuesto: se está refiriendo a dos venidas separadas de Elías. Se refiere a dos personajes distintos, a dos Elías, a dos ministerios proféticos y, por lo tanto, a dos períodos de tiempo diferentes.

 

Las Dos Partes del Versículo. Se refiere a la conversión “del corazón de los padres a los hijos” y de la conversión “del corazón de los hijos los padres”.

Hay quienes creen que este versículo 6 se aplica a Juan el bautista únicamente. Pero esta posición no es correcta, básicamente por una doble argumentación:

1. Juan Bautista no vino “antes del día grande y terrible del Señor”, sino que vino antes del comienzo de Su ministerio (de Cristo).

2. Juan Bautista solo cumplió la primera parte del versículo: convertir “el corazón de los padres a los hijos.” Esa era su comisión; ese era su ministerio. Así lo dijo claramente el ángel que anunció a Zacarías el nacimiento de Juan: “E irá delante de él con el epíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de lo jutos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” (Lc. 1:17)

Vemos que el ángel no le dijo a Zacarías que Juan -el Elías de la Primera Venida de Cristo- convertiría el corazón de los hijos a los padres, ya que esa era la labor del Elías de la Segunda Venida de Cristo.

Entonces, la labor de Juan era la de convertir el corazón de los padres a los hijos; de los padres de la ley a los hijos de la gracia.

Por su parte, el Elías que precede la Segunda Venida de Cristo, debería convertir el corazón de los hijos a los padres; esto es, a la fe de los padres primitivos de la Iglesia -los apóstoles.

Los padres -apóstoles- declararon los misterios que Dios les reveló; pero sobre este fundamento se han colocado muchas interpretaciones particulares que han oscurecido la verdad revelada; pero los hijos de Dios, en este último tiempo, tenían que conocer éstos misterios tal como fueron dados a los apóstoles; y este conocimiento es la conversión de los hijos a la fe de los apóstoles, porque torna al pueblo a la revelación original; y esta es justmente la labor del profeta anunciado en el capítulo 4 de Malaquías.

Esto significa convertirse de las tradiciones, costumbres, dogmas establecidos por los hombres, a la pureza de la Palabra de Dios. Y en esta edad abundarían los dogmas, tradiciones e interpretaciones humanas que están en abierta oposición a la Palabra.

Debemos ver, entonces, que el profeta Malaquías no habló (o profetizó) solamente respecto a la venida del Elías precursor de la Primera Venida de Cristo, sino también del que precursaría la Segunda Venida.

Pero también Jesús habló de ambos personajes:

En S. Mateo 17:10-13 dice “Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?.
Respodiendo Jesús, les dijo. A la verdad, Elías viene primero, y retaurará todas las cosas.
Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron, así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.
Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.”

Si leemos cuidadosamente el versículo 11 vemos que Jesús dice que Elías “viene primero y restaurará todas las cosas.” Luego, en el versículo 12, dice que “Elías ya vino.” ¿Estaba Jesús haciendo un simple juego de palabras? ¡De ninguna manera! Antes bien, en la respuesta que da Jesús a sus discípulos surge claramente que se está refiriendo a dos ministerios proféticos diferentes.

Jesús no conjugó los verbos en forma ligera, sino que lo hizo de la manera exacta en que el discurso debería ser dicho: en futuro -“viene primero” “restaurará”- cuando se refería al Elías que vendría antes de Su Segunda Venida; y en pasado -“ya vino”- cuando se refirió al Elías que precursó (que anunció) Su Primera Venida.

Surge claramente que, en el versículo 11, Jesús estaba hablando de un Elías que vendría en el futuro; mientras que en el versículo 12 se refirió al Elías que ya estaba en el pasado -Juan Bautista.

Él Restaurará Todas las Cosas (versículo 11). Esa sería la labor del Elías del tiempo final: restaurar todas las cosas. Esta afirmación de nuestro Señor Jesucristo aparece respaldada en el ya citado pasaje de Malaquías 4:6 –“Restaurará el corazón de los hijos a lo padres”– y en el último libro de la Biblia, en Apocalipsis 10:7, donde dice que “el misterio de Dios se consumará” cuando el séptimo ángel comience a tocar la trompeta.

Restaurar significa llevar algo nuevamente a su estado original. Sabiendo esto, podemos ver que este Elías tendría la misión nada sencilla de llevar a la Iglesia de Jesucristo a su estado original, esto es, al estado que tenía cuando ella nació, allá en pentecostés (Hechos cap. 2)

Esa sería la labor de este mensajero, llevar la fe de los hijos cristianos -los cristianos de este tiempo- a la fe de los padres apostólicos, quienes vieron nacer a la Iglesia cristiana.

Ese ministerio de “restaurar todas las cosas” no se cumplió en Juan el Bautista, sino que él preparó un pueblo para la llegada del Señor Jesus, pero él no restauró todas las cosas.

En Hechos 3:21 Pedro, hablando de Jesucristo, afirma: “al cual de cierto es menester que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.” Así que el Señor Jesucristo debe permanecer en el cielo hasta que todas las cosas sean restauradas.

 

El Séptimo Ángel. Apocalipsis 10:7 dice: “sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.”

Para abordar este pasaje bíblico iremos a los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis. Allí vemos a Jesucristo dictándole a Juan un mensaje para siete diferentes iglesias, situadas en Asia Menor. Y esas iglesias realmente existieron y cada una de ellas tenía determinadas características que habrían de reflejarse luego en cada una de las diferentes edades -o períodos de tiempo- por las cuales habría de pasar la iglesia gentil.

Y aquí queremos detenernos para aclarar algo de fundmental importancia: que esos capítulos 2 y 3 no se están refiriendo únicamente a esas siete iglesias locales. De ser así no estaríamos más que ante un simple registro histórico, sin ninguna trascendencia para el resto del mundo y para los siglos posteriores a ese tiempo. El verdadero sentido es que Jesucristo está enviándole un mensaje al pueblo gentil de todos los tiempos, hasta el fin de la dispensación gentil. Y esa dispensación -espacio de tiempo- gentil comenzó con el nacimiento de la iglesia gentil (en Pentecostés) y tendrá su fin cuando el Señor Jesucristo vuelva por Su Iglesia. Todo este tiempo se ha subdividido en diferentes edades y cada edad ha tenido sus características propias -refiriéndonos siempre a su condición espiritual. Y las características de cada una de esas edades sería un reflejo de cada una de esas siete iglesias locales de Asia. Dicho de otra forma: las característias sobreslientes en la condición epiritual de cada una de esas iglesias se verían proyectadas en las ditintas edades por las que ha venido pasando la igleia gentil. De esa manera, la iglesia en Efeso (con sus características) proyectó sus características en la primera edad de la iglesia gentil; y así sucesivamente.

Vemos entonces como esos mensajes no fueron simplemente para siete ciudades asiáticas, sino que fueron para toda la edad gentil hasta el arrebatamiento de la iglesia; pues esas iglesias encerraban las aracterísticas que representarían las diferentes edades por las cuales debía atravesar la iglesia gentil.

 

El Ángel. El destinatario del mensaje hablado a cada iglesia era un ángel (Caps. 2:1; 2:8; etc.). Cuando la Biblia habla de ángeles, no siempre se está refiriendo a un ser celestial. La principal acepción de la palabra “ángel” es “mensajero”. Así que, un ángel es un mensajero de Dios. Y este mensajero puede ser un personaje humano o un personaje celestial. De esa forma, un ángel de una iglesia sólo puede ser un hombre. Entonces, esos siete ángeles -o mensajeros- son hombres.

Así como habían pastores en aquellas iglesias locales, Dios también levantaría hombres a través de los cuales enviaría Su Palabra en las diferentes edades que estaban representadas por aquellas iglesias.

De esa forma es que Dios envió Su Palabra al mensjero de cada edad y éste se lo entregaría al pueblo. Esto, fiel a su regla de entregrle el mensaje al pueblo a través de un mensajero, como vimos al etudiar Deuteronomio 5:23-31.

No podríamos aquí estudiar las diferentes edades de la iglesia y sus respectivos mensajeros; simplemente nos limitaremos a referirnos al primero de ellos -Pablo- que fue el mensajero a la edad de Efeso (Ap. 2:1; Hch.9:15, 13:46-49; Rom.11:13, 15:1-16; Gál.1:11-12, 2:6b y 8; Ef.3:1-8; 2ªTim.1:11).

Volviendo a Apocalipsis 10:7, se está refiriendo al séptimo ángel; el cual es el mismo mensajero de la séptima edad de la iglesia (laodicea).

Algunos han confundido al ángel de Apocalipsis 10:7 con el séptimo ángel de los que hicieron sonar las siete trompetas de Apocalipsis 8:6 y ss. Pero eso no es correcto. La confusión radica en que seis de los siete ángeles de esas siete trompetas están presentados desde Apocalipsis 8:6 hasta Apocalipsis 9:21. Luego hay un “corte” en la continuidad del pasaje, dede Apocalipsis 10 hasta Apocalipsis 11:15, donde recién aparece el séptimo ángel tocando la séptima trompeta. De esa manera, el ángel de Apocalipsis 10:7 está, en el texto Bíblico, entre el ángel de la sexta trompeta y el ángel de la séptima trompeta; por lo cual no debe ser confundido con este último.

Esa distinción es muy importante, ya que el séptimo ángel de las trompetas es para el pueblo judío y no para nosotros los gentiles.

Ahora bien, ¿cuál sería el cometido de este séptimo ángel? Sería consumar el misterio de Dios y esto sería “en los días de la voz…”; esto es, cuando él estuviere predicando el mensaje que Jesucristo le entregó.

Hoy la voz de ese ángel ha rodeado al mundo y millones de personas la han escuchado. Las vindicaciones a través de la Palabra, de los dones y de todas las manifestaciones sobrenaturales que han acontecido en el Ministerio del Rev. William Marrion Branham nos muestra claramente que él es el Mensajero a la séptima edad de la iglesia, que él es el ángel de Apocalipsis 10:7.

Nuestra misión hoy es proclamar ese mensaje “a toda criatura” para que el corazón del pueblo cristiano de esta edad pueda volverse enteramente a los principios bíblicos.

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