La Unidad de Dios

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“…el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (San Juan 14:6-11).  “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” (Deuteronomio 6:4-5).

 

Para todo hebreo ortodoxo, el Señor es UNO, porque ese es el testimonio de la Palabra en todo el Antiguo Testamento. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”; por lo tanto, nadie podrá hacer que un verdadero israelita crea que Dios está dividido en dos o tres personalidades. Así también debería ser con cada cristiano que confiesa creer en la Palabra del Señor; porque Dios no cambia. “Porque yo Jehová no cambio” (Malaquías 3:6).

A pesar de ello, lamentablemente, el mundo cristiano ha dividido en tres partes al Dios único; ha hecho de las manifestaciones de Dios, tres personalidades distintas, y argumentan que estas tres personas forman un solo Dios. Esto no tiene una explicación sensata y queda fuera de una inteligencia concebible, porque se son tres personas diferentes, aun cuando fuesen de una idéntica sustancia, son tres dioses; de otra manera el lenguaje habría perdido su significado; pero las Escrituras prueban totalmente lo contrario de esta enseñanza que por varios siglos se ha infiltrado en el cristianismo; a la cual, como a muchas otras, el mundo la tiene como verdadera. Ahora bien, una doctrina no es verdadera porque tenga mucho tiempo ni porque la mayoría la profese, sino porque sea parte de la Palabra de Dios; por esa razón tenemos que ir a la Palabra para encontrar la verdad.

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.” (Mateo 1:18).

Aquí dice claramente que María concibió del Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo fue quien engendró a Jesús. Ahora bien, Jesús llamó a Dios su Padre, pero como el mundo religioso da una personalidad al Padre y otra al Espíritu Santo, ¿entonces a cual de los dos llamaba Él su Padre? ¿Acaso tenía Jesús dos padres: uno a quien Él llamaba Padre y otro aquel que lo engendró? ¿Ve usted el enredo que hacen los religiosos al personificar las manifestaciones de Dios?

Porque para los que creen que Dios el Padre es una persona y el Espíritu Santo otra, Jesús tuvo dos padres. Aquel a quien Él llamaba Padre y al Espíritu Santo quien lo engendró. Esto es inconcebible, pues así queda entendido al decir que el Padre es una persona distinta del Espíritu Santo. Sin duda por las Sagradas Escrituras vemos que el Padre es el MISMO Espíritu Santo, porque Dios es Espíritu. Entonces hay una perfecta armonía en la Palabra: Jesús llamó Padre a aquel que lo engendró; de otro modo, habría tenido dos padres.

Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). También dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). De modo que Jesús y el Padre son también UNO y la MISMA PERSONA. Entonces PADRE, HIJO y ESPÍRITU SANTO son la MISMA personalidad. “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son UNO”. (1 Juan 5:7).

La revelación de las Escrituras nos muestra UN DIOS, una sola personalidad con diferentes manifestaciones. El Todopoderoso, el que es, que era y que ha de venir, Alfa y Omega, Principio y fin, es UNO y la MISMA persona.

Jesús dijo: “El Padre que mora en mí, él hace las obras”. (Juan 14:10).

También dicen las Escrituras: “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. (2 Cor. 5:19).

Ahora bien, ¿cuál Dios estaba en Cristo? Pues habiendo UN SOLO Dios, tenemos que creer que ESE era quien estaba en Cristo. No se puede dar otra personalidad a Dios por el hecho de haber adquirido humanidad. Esto en verdad es un misterio, sin embargo no nos da base para convertir a Dios en varias personas. “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria”. (1 Timoteo 3:16).

Este es el gran misterio que envuelve a Dios como una persona con distintas manifestaciones, porque Dios tiene diferentes oficios, y a través de ellos Él toma la posición que se propone para cumplir sus designios. Jesús es Dios manifestado en carne. Esto no lo hace otro Dios, ni otra personalidad. Es el único y Todopoderoso Dios habitando en un tabernáculo de carne. Como también lo enseña Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. (Juan 1:1 y 14).

Además, está escrito: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). Es una temeridad convertir a Dios en varias personas, siendo que el mismo Señor Jesucristo dijo: “Yo y el Padre uno somos”. “El Padre que mora en mí, él hace las obras”. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Todo esto es lo mismo que decir: “DIOS ESTABA EN CRISTO”.

En Dios no hay más que una SOLA PERSONALIDAD con diferentes manifestaciones según sus propósitos. Dios como Espíritu no puede morir, pero teniendo que efectuar la Redención de su pueblo, tuvo que tomar humanidad para morir por nosotros. Jesucristo hombre, el Tabernáculo de Dios, murió como muere nuestro cuerpo, el tabernáculo en el cual vivimos; pero Su Espíritu salió y volvió a Dios. “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre” (Juan 16:28). Entendemos que esto es un misterio porque la misma Escritura lo dice: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…” Siendo un misterio, sólo por revelación divina podemos entenderlo. “Ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27). Tratar de conocer a Dos por medio del razonamiento humano o por medio de las interpretaciones y tradiciones de los hombres, harían del único Dios, dos o tres personas; pero, por la revelación divina, Dios es UNO con diferentes manifestaciones.

Al único Dios (Rom. 16:27), el verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20), nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Tito 2:13), el Dios Todopoderoso (Apocalipsis 1:8), el Dios Creador (Colos. 1:16-17), para los apóstoles era UNO y la MISMA PERSONA. El Nuevo Testamento no enseña que Padre, Hijo y Espíritu Santo tengan personalidades separadas. Allí no encontramos nada respecto a primera, segunda y tercera persona. Para los apóstoles no existían tres dioses, sino UNO; sin duda, hoy la mayoría de los llamados cristianos creen en UN Dios trino aun cuando esto sea anti-bíblico, porque la palabra trinidad ni siquiera se encuentra en la Biblia; pues es una invención humana introducida en el cristianismo, una doctrina sin apoyo en las Escrituras.

Los apóstoles no creían en una multiplicidad de personas en Dios, sino que enseñaban que Dios es UNO, manifestado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Tres oficios de la Divinidad en su relación con el hombre. Dios se manifestó como Hijo, a pesar de ello esa manifestación no lo hizo otro Dios diferente, sino el mismo Dios de la gloria; el Eterno y Todopoderoso manifestado en Cristo. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19). Él se volvió humano para poder morir y reconciliarnos consigo mismo, pero esa encarnación no lo hizo otra persona diferente; Él siguió siendo el único y un solo Dios. Jesús en la tierra fue el Profeta, el Cordero y el Hijo; sin duda esto no lo convirtió en tres personas; fueron solamente tres manifestaciones u oficios de la misma persona.

He aquí un ejemplo sencillo de la vida humana que nos puede ayudar a entender esta verdad: Todo hombre casado y con hijos representa tres oficios delante de la sociedad y de la familia. Este hombre por causa de sus hijos es un padre, y en esa relación se presentaría en cualquier acto humano o social en caso de tener que actuar con respecto a sus hijos. Este padre al mismo tiempo es hijo en relación con su progenitor; y si tuviese que comparecer frente a un tribunal con respecto a su padre, tendría que hacerlo en la condición de hijo. De modo que este hombre es tanto padre como hijo; sin duda esto no lo hace dos personas, sino la MISMA persona ejerciendo dos oficios diferentes. Este mismo hombre que es padre y al mismo tiempo hijo, por cuanto es casado, es también esposo; y al relacionarse con su esposa, toma una posición diferente a la de hijo y también a la de padre. Encontramos a este hombre ejerciendo frente a la sociedad tres oficios o manifestaciones completamente diferentes: padre, hijo y esposo. Sería muy insensato quien afirmase que por este hecho se trata de tres hombres diferentes o un hombre dividido en tres personas; porque al ser abuelo habría que agregar una cuarta personalidad, y esto es ridículo desde todo punto de vista. Este hombre es UNO con diferentes oficios o manifestaciones; delante de su hijo es un padre, ante su padre es un hijo, y ante su esposa es un esposo; a pesar de ello es UNA SOLA persona. “… Su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendida por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Rom. 1:20).

Dios es UNO, pero ha tomado diferentes oficios en su relación con el hombre. Cuando se manifestó como Hijo era al mismo tiempo Padre y Espíritu, por esta razón dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.” (Juan 14:9-10). “Yo y el Padre UNO somos” (Juan 10:30). No dos ni tres personas, sino UNA.

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6). Este niño que fue Jesús, el Hijo que nos fue dado, según esta Escritura, es al mismo tiempo el Dios fuerte y Padre eterno. Esto es un verdadero misterio. “Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Es decir, el Dios fuerte, Padre eterno tomó la forma de un niño que creció como los hombres para efectuar la Redención del pueblo.

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre EMANUEL, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:21-23). Esa manifestación fue simplemente “Dios con nosotros”. Eso es todo lo que declara la Palabra, y no se debe decir más que esto, porque sería aumentar la Palabra; y está escrito: “No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30:6). No debemos argumentar cosas que Dios no dice en su Palabra; aún cuando haya algo que no entendamos, debemos repetirlo tal como Él lo ha dicho.

Este Dios fuerte, Padre eterno, Jehová del Antiguo Testamento, nació y creció como un niño. Este es Jesús, cuyo nombre significa Jehová Salvador. Es el mismo Padre eterno que tomó humanidad y se manifestó en carne para redimir a su pueblo: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte” (Hebreos 2:14). La encarnación de Dios Creador, lo convirtió en el Dios Salvador; de modo que el Creador del Antiguo Testamento es el mismo Salvador del Nuevo Testamento. “Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:21-22). No hay dos salvadores, sino UNO. “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Jehová Salvador en el Antiguo Testamento es el mismo Jesús Salvador en el Nuevo. Uno y la MISMA persona. Vea Isaías 43:10-11.

El Dios del Antiguo Testamento prometió estar presente y venir ÉL MISMO para salvar a su pueblo; esto es exactamente lo que Él hizo. Él mismo vino y consumó su obra. Allí manifestado como el Creador, aquí manifestado como el Salvador, y ahora en el medio de su pueblo manifestado como el Consolador; pero no son tres personas, sino UNA y la MISMA persona. Este es el testimonio de toda la Escritura. Así creyeron los profetas y apóstoles. ¿Entonces de donde vino esta creencia que adiciona a Dios tres personas distintas? Esto vino después de la edad apostólica, y fue introducido astutamente en el Concilio de Nicea en el año 325 d.c. La llamada trinidad, que ni siquiera aparece en la Biblia, tuvo su origen en el culto pagano. Los romanos adoraban a muchos dioses y también oraban a sus antepasados como mediadores e intercesores.

Entonces la nueva religión les dio la oportunidad de cambiar los nombres de sus viejos dioses por nombres nuevos; y en lugar de Júpiter, Venus, Marte, etc. tuvieron a Pedro, Pablo, Fátima, Cristóbal, etc. Ellos no podían hacer que su religión pagana permaneciese con un solo Dios, por lo tanto lo dividieron en tres, dándoles personalidades separadas para las manifestaciones de Dios y luego hicieron de los santos sus intercesores. Desde entonces la verdad de UNA SOLA persona en Dios, la oscurecieron. Hoy los encontramos confesando que Dios es UNO, porque así lo afirman las Escrituras, pero al mismo tiempo enseñando la doctrina de la trinidad, teoría que convierte a Dios en tres personas. Esta doctrina es una tradición pagana introducida al Cristianismo.

Las Sagradas Escrituras enseñan que Dios es UNO, sin embargo la tradición asegura que es trino; de modo que existe un conflicto entre las Escrituras y las creencias tradicionales del mundo llamado cristiano. Sin duda que tenemos que tomar una decisión entre estas dos enseñanzas, porque don diametralmente opuestas. Este asunto de dividir a dios en tres personas distintas y no obstante creer que las tres constituyen un Dios, es una cosa irracional. Si son tres personas y cada una de ellas es Dios, lógicamente, son tres dioses; porque una persona no puede ser al mismo tiempo tres. Una persona puede ejercer varios oficios al mismo tiempo, a pesar de ello jamás podrá convertirse en más de una persona. Los que sustentan la teoría pagana de dividir a Dios en tres personas distintas de hecho, son politeístas. Esa creencia vino del paganismo y se introdujo en el cristianismo ya pervertido, porque en el cristianismo genuino del Nuevo Testamento, no existió tal enseñanza.

Ahora bien, los que sustentan esta doctrina irracional, argumentan que se trata de un misterio, sin embargo la Biblia no dice nada del misterio de la trinidad; este término ni siquiera aparece en la Biblia. Las Sagradas Escrituras nos habla del misterio de la piedad, Dios manifestado en carne, pero no dice nada de la ficticia doctrina de la trinidad.

“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” (Santiago 2:19). Si hacemos bien cuando creemos que Dios es UNO, entonces el mal está en creer lo contrario, porque eso significaría contrariar las Escrituras. Aún cuando los demonios creen y saben que Dios es UNO, ellos no predican lo que saben, sino lo que pervierten; de modo que esta doctrina de la trinidad es una perversión diabólica.

El Señor Jesucristo hablando con la samaritana, dijo: “DIOS ES ESPÍRITU”. ¿Entonces, que Espíritu es Dios? Indiscutiblemente Él es el Espíritu Santo porque la Escritura lo dice: “Un Espíritu” (Efesios 4:4), y no hay dos Espíritu Santo, es un solo Dios, un solo Espíritu, un solo Señor; no son tres, sino UNO. Las Escrituras dicen: “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” (2 Corintios 3:16-17).

Las Sagradas Escrituras no se contradicen porque fueron inspiradas por el Espíritu Santo. Ellas enseñan claramente que nuestro Dios es UNO. Un Dios con diferentes manifestaciones; de modo que el Hijo es Dios con todos sus atributos. Por esa razón Juan dijo: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.” (1 Juan 5:20). De esta manera queda demostrado que Dios vino manifestado como Hijo para revelarse a sí mismo como el Dios verdadero; por consiguiente, JESUCRISTO es Dios mismo manifestado en carne. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” (Hebreos 13:8). Amén.

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