La Doctrina de Dios

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Toda organización religiosa tiene una doctrina. Eso está correcto y necesariamente debe ser así. Mal pudiera existir un grupo de creyentes reunidos en torno a nada, tiene que existir un conjunto de creencias que conforman la doctrina de ese grupo.

El tema está en qué doctrina estamos apoyando nuestra fe. En qué estamos creyendo.

En San Juan 7:16-17 la Biblia nos da la respuesta: “Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por Mi propia cuenta.”

Jesús nos está mostrando claramente que sólo podemos hacer la voluntad de Dios si seguimos Su doctrina (la doctrina de Dios).

Así que, no se trata de la doctrina de una Iglesia, ni de un hombre, pues todos podemos fallar, pero Él es infalible. Todo cristiano necesita saber si lo que oye es algo que la otra persona habla por su “propia cuenta”, o si está impartiendo la Palabra de Dios.

Esto es sumamente importante, pues nadie puede llegar a Dios a través de doctrinas humanas, sino a través del correcto entendimiento de Su Palabra.

Y Jesús deja claro que si queremos hacer la voluntad de Dios es necesario conocer si esa doctrina que estamos siguiendo es o no de Dios. En otras palabras, Jesús estaba diciendo: si quieren hacer la voluntad de Dios, vean si lo que les hablo es Su doctrina o si estoy hablando en base a mis propias ideas.

Estimado lector, queremos hacerle una pregunta: la doctrina que usted ha seguido y practicado hasta ahora ¿es la doctrina de Dios o la de alguien que habló por su propia cuenta?

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Sobre el Autor:

Miembro de la Congregación “La Palabra Hablada” en Montevideo. Encargado de la Administración y generación de contenido para este sitio web, así como la divulgación del mismo.

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